18 marzo 2012


Recuerdo tu rostro. Con ese color tan cálido que tienen tus mejillas al sonrojarse. La manera en la que tu pelo se alborota con el simple roce del viento. La forma en la que aprietas tus dientes cuando estas preocupada o triste y lo descuidada que eres al hablar. Un hombro siempre mas arriba que el otro por el estrés.

Recuerdo tu forma de caminar, siempre a prisa. Lo corto de tus pasos y la cadencia de tu cuerpo cada vez que pones un pie frente al otro. La curva de tu espalda que se forma cuando cargas tu bolso del que  podrías sacar cualquier cosa, por eso pesa tanto, y ese sonido extraño de tus rodillas al estirar. Una mano siempre sujetando algo, y la otra, libre para llevar el ritmo de alguna melodía que siempre tararea tu cabeza, la mayor parte del tiempo, una de Los Beatles, sin lugar a dudas. Yellow Submarine la guardas para momentos que te causen dolor o te asusten.

Recuerdo el olor de tu perfume. Nunca el mismo, siempre el correcto. Dulce para los días en que te despiertas con buen humor y aquel que solo guardas para ocasiones especiales. Siempre al ponértelo crees que se esfumará antes de que alguien pueda reconocerlo, pero al llegar a casa por la noche puedes percibirlo aún, tenue, en tu ropa, tu pelo y algunas partes de tu piel. Das un suave suspiro, como si aquella suave nota de naranja o de vainilla pudiera recordarte lo más valioso de ese día, o a veces lo mas triste. Das un pequeño vistazo al tocador pensando ¿cuál usaré mañana?.

No olvido tu desorden. Siempre encuentras nada y pierdes todo. Un buró lleno de libros, hasta arriba el que estás leyendo y hasta abajo el último que compraste. Te has vuelto una persona de rutina y nunca olvidas tu vaso de agua junto aquella pila de páginas llenas de historias de amor o de suspenso, o mucho drama o mucha miel. Así crees que es la vida. Tu vida.

Disfruto escucharte hablar, sobre todo cuando hablas contigo misma. Esas veces que puedes decir lo que sea y nadie está para juzgarte ni reprocharte. Tu sola castigas el error de tus palabras o aplaudes el acierto de tus pensamientos. No hay peor juez que uno mismo. Terminas, casi siempre, diciendo "mañana será otro día", con la firmeza de que todo lo malo terminará y lo bueno será mejor. Jamás te ha gustado irte a dormir enojada. El estomago te reclama como si no hubieras cenado y te obliga a escribir lo que normalmente no puedes decir en voz alta. Por eso tienes un blog.

Las manias que tienes para dormir. Es todo un circo verte colocar cada una de las almohadas que tienes y que la mayoría han sido regalo de alguien. Esa maña de abrazar un cojín y no soltarlo, y si lo llegas a perder, te despiertas y te dedicas a buscarlo incansablemente. Te recuestas del lado derecho únicamente para ver la tele, pero si se trata de dormir, inmediatamente te volteas como si tu cerebro fuera una máquina que en automático se pone en pausa cuando lo descubre. Siempre hay algo del lado izquierdo de tu cama. Es casi como un ritual dejar una sudadera, un suéter o el celular justo al pie de ese lado, como esperando que nadie se siente ahí ¿Quien habría de hacerlo?.

Tu primer pensamiento al despertarte, nunca el mismo. Es casi como si olvidaras lo último que esperabas recordar. Si una noche antes no has dejado todo al lado de la puerta de tu cuarto, es posible que lo dejes olvidado cuando salgas. 

¿Fotos? solo una y de alguien a quien no conoces pero que la vida lo puso en tu camino por cuestiones de trabajo. Los recuerdos los dejas para otras áreas de la casa. Ya has tenido fotos antes de personas que eran cercanas y que por una cosa u otra dejan de estar y crees que es un mal augurio. 

Lo fuerte que lloras cuando te sientes derrotada. Lo mucho que lloras cuando estás enojada y lo que no lloras cuando deberías realmente hacerlo. Guardas tanto y demuestras tan poco. Sigues siendo una caja de música para algunos, aunque sin el sonidito irritante ni la graciosa bailarina, pero con esa ridiculez de sentimientos que suceden cuando abres una. 

Cuan raro es para ti verte en el espejo todas los días. Sin una gota de maquillaje porque lo odias y lo usas solo lo necesario, además de que te reseca la piel terriblemente y sigues sin entender como es que la mayoría de las mujeres lo usan todos los días. Que difícil te resulta peinarte, es todo un rollo. Tus 28 pares de tenis de todas marcas y colores y los pocos pares de tacones que guardas ceremoniosamente en sus cajas, para que no se maltraten. Que sigas guardando la ropa como si tuvieras 10 años. Es bastante irritante. Cuanto amas caminar descalza pero si te quitas los calcetines te enfermas en 5 minutos. Que prefieras una playera de algodón en lugar de una blusa de seda y que ninguno de tus jeans te ajusten correctamente. 

Recuerdo lo mucho que te gusta enamorarte. Esa sensación de vacío en la panza que no te deja vivir; lo tonta que te ves porque no puedes dejar de sonreír y lo dura que te vuelves para que no te lastimen otra vez. Pero ahí estas, viendo películas de los 40's, 50's, porque tu corazón parece que no vive en esta época. Queriendo ser como Grace Kelly o Audrey Hepburn. Canciones de big band sonando como soundtrack lejano y bailando con los pies aun cuando estas acostada viendo la tele. Ridículamente, te fluyen las palabras, como si te dedicaras a ser escritora de alguna marca de tarjetas de amor como Hallmark. Hasta da pena verte pero al mismo tiempo alegría de saberte tan feliz.

Recuerdo siempre tu ultimo pensamiento antes de dormir, lo mucho que esperas que tu familia este bien y cuanto deseas verlos al siguiente día. No sueles rezar, solo en momentos muy necesarios y cuando necesitas que alguien más te escuche. Siempre en el orden que te enseñó tu abuela: El Padre Nuestro primero y El Ave María al final. Si llegas a decirlos al revés, vuelves a empezar. 

Recuerdo como es que no quieres ver pasar los años. Como si tu edad no semejara lo que llevas por dentro y no es que tengas tantos como para aferrarte a ellos, pero para ti los años no cuentan si no fuiste lo suficientemente feliz. 

Me recuerdo escribiendo estas lineas, para que cuando las lea no deje de saber quien soy. Porque no importa todo lo que suceda, siempre debes recordarte a ti mismo tal cual eres y nunca perder a tu verdadero yo.

Con amor,

Jimena